Los estudiantes universitarios a menudo carecen de las capacidades necesarias para comprender, analizar y estudiar con fundamentos los contenidos de sus diferentes cursos y carreras. Les falta desarrollar habilidades que les permitan aprender de manera efectiva y contrastar la información con bases sólidas.
La ausencia casi total de toma de notas, la falta de habilidad para leer de manera comprensiva y el inadecuado tratamiento de la información que se obtiene, son problemas que enfrentamos a diario. La educación universitaria se enfrenta a un desafío ineludible que exige soluciones que aborden estas carencias y promuevan un aprendizaje más efectivo para los estudiantes. Esto implica fortalecer la figura del docente, mejorando sus habilidades y brindándole oportunidades de recapacitación.
La reciente explosión de la inteligencia artificial a finales de 2022 ha introducido una herramienta digital más en el campo de la educación. Si bien puede ser una herramienta útil para abordar estas necesidades y mejorar las habilidades que a menudo faltan en los estudiantes, es crucial recordar que estamos educando a seres humanos, no a máquinas. La forma de aprender de las personas varía según la generación y el contexto, por lo que debemos encontrar un equilibrio adecuado al implementar estas tecnologías.
El uso extendido de la inteligencia artificial en el ámbito universitario plantea desafíos más allá de su simple aplicación. Esta tecnología puede tener implicaciones sociales que limiten su perspectiva global desde la enseñanza, debido a posibles sesgos, limitaciones, mitos y trampas. Por ello, el papel del docente requiere un enfoque equilibrado y crítico. La inteligencia artificial puede ayudarnos a detectar deficiencias, pero la competencia profesional del formador sigue siendo fundamental para abordar y resolver problemas.
Para ello, es clave la constante formación y mejora del educador. Esto implica seguir aprendiendo sobre las estrategias y herramientas ya conocidas, al mismo tiempo que exploramos nuevas perspectivas y posibilidades, incluso aquellas que puedan resultar innovadoras o diferentes a lo establecido. Este proceso de aprendizaje permanente y apertura a lo novedoso es fundamental para el desarrollo y crecimiento del docente.
Integrar la tecnología en el proceso educativo, al igual que otros instrumentos (digitales o tradicionales) que ya usamos, debe estar guiado por principios éticos sólidos y una comprensión de cómo estas herramientas pueden complementar, en lugar de sustituir, las capacidades humanas.
Mientras examinamos el potencial de la inteligencia artificial en la universidad, es crucial disipar los equívocos y evitar los peligros que rodean a esta tecnología. Es crucial comprender sus alcances reales y descartar ideas erróneas para aprovechar al máximo sus beneficios en el ámbito educativo.
Entender a fondo la ruta seleccionada puede generar un efecto positivo, ya que los maestros fomentarán un equilibrio entre el uso de herramientas de IA que ayuden al aprendizaje y la investigación basada en la retroalimentación, mientras guían su aplicación en los estudiantes, evitando así sesgos indeseados.
Reconocemos que la IA actual se fundamenta en algoritmos. Sus habilidades no igualan a las de los seres humanos, ya que no puede reemplazar la intuición, la empatía, el análisis crítico y el espíritu constructivo. A pesar de ello, se ha fomentado erróneamente la creencia de lo contrario, impulsada por diversos mitos sociales observados anteriormente en relación con otras tecnologías y redes digitales.
La inteligencia artificial representa una valiosa oportunidad para mejorar la educación universitaria, complementando los recursos y estrategias que los docentes ya utilizan. Si bien esta tecnología tiene características y restricciones propias, se convierte en un apoyo fundamental para el trabajo del instructor, quien a su vez debe mantener una constante actualización.
La combinación de herramientas y la perspectiva integral de la educación son fundamentales para que los docentes puedan implementar estrategias logísticas efectivas. Esto les permite superar limitaciones, como la falta de comprensión lectora, que obstaculizan una formación adecuada de los estudiantes. La comprensión lectora, por ejemplo, es esencial, ya que sin ella el aprendizaje se reduce a la memorización y el olvido. A pesar de que las herramientas de inteligencia artificial tienen gran capacidad de análisis en otros ámbitos, el proceso de desarrollar la comprensión lectora aún escapa a su dominio.
La inteligencia artificial no puede emular la enseñanza integral brindada por los docentes humanos, ni la construcción de esquemas y conclusiones sólidas que surgen del desarrollo de una lectura comprensiva por parte de los estudiantes en un enfoque global.
Este escenario brinda al educador la oportunidad de fortalecer la creencia acertada de que la incapacidad de suplir directamente las deficiencias con la IA es una ventaja y un desafío. Esto les permite mejorar sus habilidades existentes o adquirir nuevas, incluso si implican un cambio radical en su forma de pensar inicial, lo cual facilitará su labor como profesional de la enseñanza universitaria.
La formación universitaria se nutre de la esencia humana, equilibrando la tecnología, la investigación y el aprendizaje enfocado en cada generación y rol. Esto implica que el docente mantenga una constante actualización profesional. Para lograrlo, es importante utilizar la inteligencia artificial como una herramienta más, pero siempre con cautela y criterio, valorando su capacidad para enriquecer la experiencia educativa, sin olvidar los aspectos humanos que definen una educación integral, donde se desarrolla el pensamiento propio de una persona comprometida con mejorar la calidad de vida de todos

Belén Stettler es una profesional de la comunicación política oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina. Con un título en Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ha dedicado 13 años a trabajar en diversas facetas del ámbito político en Buenos Aires. Su especialización incluye la investigación, la estrategia y la comunicación directa, así como el entrenamiento en habilidades no verbales, oratoria y coaching, dirigido a líderes y funcionarios tanto argentinos como de otros países de Latinoamérica. Ha dirigido equipos en campañas a distintos niveles de gobierno y ha ocupado puestos importantes en varias instituciones.